Y es que ya era consciente siendo aquella pequeña figura sentada en la cama a altas horas de la noche esperando quieta a que el calor materno llegara para poder conciliar el sueño y tal vez para regresar a las entrañas de mi madre y rectificar mi caída en ésta tierra, en ésta dimensión porque a veces entre salto y salto cuántico las ansias de querer volver a nacer hacen que aterricemos en picada haciéndonos golpear nuestro núcleo con el suelo, trayendo así obstáculos innecesarios en un plano tridimensional como en mi caso, una enraizada ansiedad y una mente autista, y es que realmente los golpes en picada no provocan más que fracturas que hacen que el alma quede expuesta ante todos, mas sin embargo en un mundo al que le gusta catalogar, debía llamarse enfermedad a mi fuga de espíritu.
Se ha ido, como antes otros se habían ido, me encuentro abatida, no se por donde empezar, aunque quedarme a su lado era traicionarme a mi misma, abandonarme, no hacer justicia a mi ser.
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