Hubo
una vez un hombre color cristal, podrías imaginarlo?
Pasaba
todos los días de su vida admirando por su ventana el andar de la gente tan
diversa.
Un
día de esos monótonos y aburridos mientras miraba por su ventana se percató que
frente a su casa
habían abierto una nueva librería y así sin más, sin ni
siquiera dudarlo un momento,
dio un gran salto de su viejo sillón.
La
calle entera se veía muy vacía ese día.
-Desde
cuando estoy tan solo? Se preguntó a si mismo.
Siguió
recto una línea amarilla que llegaba hasta una gran puerta de aspecto viejo y
desgastado,
-muy inusual para una nueva biblioteca- pensó.
Tocó
al timbre pero nadie salió al llamado para atenderle, insistió unas tres veces,
pero ni un alma aparecía.
De
un pequeño empujón intrigado por toda aquella selección que encontraría, abrió
la puerta lentamente,
el rechinar de aquellas bisagras viejas corroídas por el
tiempo, oxidadas por la lluvia,
crearon un ambiente tenso y de repente una mano
de dimensiones gigantes lo jalo bruscamente
hacia una profunda oscuridad.
El
pequeño hombre asustado se encontraba en una gran habitación muy singular,
a
todos lados donde miraba se encontraban estantes color dorado relucientes, eran
gigantes,
tan grandes que no se podía ver donde comenzaban y donde terminaban,
obviamente éstos saturados de libros de todos los tamaños y formas, unos
pequeños,
otros con gruesas pastas unos muy viejos y algunos de colores muy
llamativos.
“El
hombre se maravilló, jamás había estado en una biblioteca de aquel prestigio,
era muy diferente a lo que mostraba su fachada,
sus ojos brillaban como el
resplandor de una estrella y de su alma salió un suspiro infinito”
De
pronto frente aquel ser mal parado en medio de la nada en un momento sin tiempo
aparecía una silla y una gran mesa de madera, tenían un aspecto ya gastado,
aquella mesa llena de bordes de materia infinita y lucida,
de materia en
movimiento, mostraba un golpe violento en una de sus esquinas,
y la silla tenía
algo singular que las demás sillas convencionales no podían hacer,
esa silla a
punto de quebrarse, podía hablar.
En
su respaldo a detalle se mostraban unos labios rojos y carnosos.
-Estás
bien? No me temas, ven, siéntate en mi y por favor come en mi compañera la
mesa.
El
hombre cristalino se quedo inmóvil y sorprendido ante tal escena por un
momento.
-Pero,
no sería descortés sentarme sobre ti? Digo, hablas… creo que tienes vida?
-La
mesa no me preocupa, de hecho seria prudente no acercarme tanto,
está llena de
astillas y podría lastimarme.
El
hombre fue y se sentó a un lado de la silla en el suelo.
-Gracias,
dijo la silla.
Eres
el primer hombre en 100 años que se sienta a mi lado y no sobre mí.
El
hombre la observo, palpó su estructura y a pesar de lo desgastada que estaba,
su madera emitía un olor agradable y era muy suave.
Admiro
a ésta silla, pensó.
Cuantas
personas han dispuesto de ella?
Cuantas
personas se han sentado sobre ella?
-Bueno,
y que vas a pedir de entrada?
-Perdón,
agregó el hombre, no vine por comida, vine por un libro además no veo comida
por ningún lado.
-Ja
ja ja! Hizo eco una risa burlona por todo aquél lugar.
-Aquí
los libros no se leen, se comen…
-Pero
que tonterías dices? Gritó el hombre un tanto frustrado y confundido.
-En
cuanto aquella mano te jaló hasta aquí, todo sentido de lógica se ha perdido,
has sido absorbido y no puedes salir de aquí hasta que recibas tu entrada,
plato fuerte y postre, rechazar una comida completa… eso si seria descortés.
-Así
que decide cual libro te vas a comer primero, -mira, por el lado izquierdo hay
violencia
terror, historias sobre vidas de asesinos, guerra, manuales para
crear armas nucleares y manipulación masiva.
-De
éste lado hay fantasía, novelas románticas, ciencia ficción, naturaleza,
política, tecnología, física, matemáticas…
-Y
por último de éste lado hay libros de superación personal, libros de alquimia,
ciencias ocultas, metafísica, teología, filosofía, religión, artes de todo
tipo,
libros sobre ángeles y seres fantásticos,
sobre el ascenso espiritual…
-Bueno,
tartamudeó el hombre
-
Que hay de Hitler? Que hay del holocausto? Me intriga saber que fue lo que
realmente sucedió
o por lo menos conocer un poco más de historia.
-Hmm…te
apetece “Treblinka” de Jean. F Steiner?- dijo la voz misteriosa.
-Ni
siquiera me suena, dijo el hombre… para ser sincero,
jamás he leído un libro,
bueno! Mucho menos lo he comido, pero venga!
Que me muero de hambre de
conocimiento- advirtió el hombre mofándose.
Se
acercó a la mesa y muy cuidadosamente colocó el libro y los cubiertos sobre
ella.
Observó
como la mesa se retorcía, pareciese que el rozar de aquellos objetos le
producían un dolor pungente.
Al
abrir el libro para su sorpresa éste no contenía ninguna frase o letra, estaba
totalmente en blanco.
-Descuida-
le habló la silla, -solo corta y traga, todo irá apareciendo tenuemente en una
parte de ti.
El
hombre empezó a cortar y a comer los pedazos de el libro,
y conforme lo hacia
su cuerpo cristalino se iba llenado de palabras y frases como un vaso de agua,
tragó sin parar durante una hora.
Palabras
como incinerar, golpear, muerte, gritos, sangre, llenaban su cuerpo cristalino
de letras en negritas
y su ser comenzó a tornarse negro, ya no era más color
cristal…
Una
vez que terminó el libro, quedó asqueado, se podía ver a leguas en su rostro
que la entrada había sido un poco fuerte.
El
hombre comenzó a gritar asustado,
-Dios
mio! Pero que he visto? Que me he tragado?
Me
siento pesado, preocupado, lleno de odio, confundido, triste.
Siento
que mi transparencia desapareció.
-Es
que ya no lo eres, mírate- dijo la voz misteriosa,
te has vuelto negro desde la
punta de los dedos de tus pies,
hasta la cintura- y ahora debes de continuar
con el plato fuerte, esta vez, será un libro muy grande,
con pastas gruesas y
con mucha información.
-oye!
Con esa entrada que me has dado no me han quedado mas ganas de violencia,
que
te parece si ahora mi plato fuerte se basa en cosas más agradables,
he
escuchado sobre matemáticas y geometría.
-Buena
elección! Geometría plana y del espacio de Baldor! Grito la voz misteriosa
emocionada.
Evitando
titubear el hombre desconcertadamente dejó caer el libro violentamente sobre la
mesa, y aquella dio un brinco y le astillo el dedo de la mano derecha.
-Ouch!
Deberías de tener más cuidado- grito la mesa enojada.
-Ahhh!
Tú también hablas? Ya me parecía extraño que estuvieras tan callada y yo tan
cuerdo.
Sin
darle mucha importancia al incidente,
comenzó a destrozar el libro sin el menor
cuidado y empezó a tragar violentamente sin masticar,
la cabeza le punzaba,
dictaba números y manoteaba con cada bocado que daba.
Cuando
terminó el libro, subió los dos pies encima de la mesa y dijo:
-Que
complicado es todo esto, pero sin duda ha sido mucho mejor que el anterior-
decía mientras observaba que su torso había adquirido una extraña serie
de
patrones geométricos parecidos a una galaxia.
-Parece
que éste te ha agradado, ahora puedes escoger tu postre, nadie intervendrá,
es
para que lo disfrutes, decía amablemente la misteriosa voz.
-Espera!
Dijo el hombre, -he degustado mucho de su compañía,
la silla me ha dejado tocar
su estructura, tu me habéis guiado todo este camino por aquí,
y la mesa me ha
dejado colocarle los libros encima y los pies también cuando terminé cansado,
tiene un golpe, me ha astillado,
pero todo ha sido mi culpa, fui demasiado
violento con ella, he dejado mis fluidos y migajas sobre su materia,
acaso no
tiene ya demasiados problemas para que yo venga y la lastime?
Se algo sobre
carpintería, podría arreglarlas y después barnizarlas.
La
mesa rió y sollozó al mismo tiempo y dijo:
-Yo
antes de ser mesa, fui un barco,
suelo maderoso que cargo en su estructura
pesados objetos y grandes hombres.
Y antes de ser barco, fui un árbol, un día
alguien me arrebató,
tenaz y frio sobre mi existencia, el metal me desterró de
mi seguridad,
ese alguien decidió que desde ese día mi vida dejaría de ser mía
y comenzaría a ser para los demás…
-no me arregles, casi estoy por destrozarme,
mi existencia de mesa casi se acaba,
puedes darme un uso violento o un uso
amable y de las dos maneras me voy a desgastar,
pasaré a ser aserrín, déjame
ser frágil y volátil, déjame agregarme de nuevo a mi origen, estoy muy cansada.
-Lo
mismo digo yo- agrego la silla en tono triste.
El
hombre abrazo la mesa astillándose todo el cuerpo sin importarle y se quedó
dormido sobre ella.
“cuando
despertó, silla y mesa habían desaparecido y el hombre se sintió lejos de casa”
Pero
un pequeño librito azul brillaba en medio de aquella habitación.
-aquí
esta tu postre, dijo la voz misteriosa.
-Pero!
Tu dijiste que nadie intervendría, yo no elegí ese postre tan pequeño! Contestó
el hombre furioso.
-Como
puedes ver, mesa y silla no están y han decidido escoger el postre para ti,
es
un regalo de parte de ellas, piensan que eres un hombre bueno y no mereces
estar lleno de todos esas cosas,
anda! Ve por él!
El
hombre un tanto triste por la ausencia de silla y mesa,
se sentó en el suelo
debajo de la luz dorada y empezó a comerse el librito azul a mordidas.
Se
empezó a sentir raro… ésta vez el libro no le mostraba nada,
solo sentía como
un calor placentero invadía su cuerpo, no habían fundamentos ni palabras.
-Qué
me pasa? Donde están las letras? Donde está el conocimiento,
la lógica de las
palabras, las conjeturas, las frases, los colores, los matices?
Este
libro solo me ha hecho sentir cosas muy extrañas, mi cuerpo detesta esto,
me
produce nauseas, éste veneno trata de sacar todo el conocimiento de mi cuerpo!
No puedo más!
El
hombre empezó a deponer centenas y centenas de letras, frases,
todo aquello que
había tragado éste ultimo libro que había echado todo fuera.
-Todo
esto me ha caído de peso, no comprendo cuál es el origen, autor o propósito de
el último libro,
sin duda es lo más desagradable que he probado.
-Pero,
mírame! He vuelto a ser color cristal!
He vuelto a ser ese hombre al que nadie ve, de nuevo soy yo-
El
hombre se desvaneció frente a la luz dorada,
y cuando despertó estaba en su
casa, sentado cómodamente en su viejo sillón,
admiro de nuevo por su ventana y
veía el pasar de la gente, creaba teorías sobre aquellos seres,
y miro de nuevo
hacia donde la librería, y ésta había desaparecido.
Él
era el hombre más feliz del mundo.



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